Miedo al agua. Miedo al agua que te cagas.

Ayer fue mi cuarto día de cursillo de natación y probablemente el peor de todos.

Cuando llegué el primer día estaba muy nerviosa porque hacía más de una década que no me metía en una piscina municipal, y ahora que lo pienso (ay) creo que han podido pasar dos, pero mis nervios se debían más a la novedad y al mal recuerdo de mis anteriores intentos de aprender a nadar, que fueron todos un desastre y además no sirvieron más que para afianzar mi pánico miedo al agua.

Ya conté en este post sobre lo poco amiga que soy a meterme en el agua, algo que me viene de muy lejos, en realidad desde siempre; no recuerdo que ni de pequeñita me gustase meterme en piscinas. De hecho, saber que me dirigía a un lugar con piscina me suponía bastante angustia.

En cambio mi sentimiento respecto al mar es distinto. Con el mar hay que tener mucho cuidado y considero que mantener cierto respeto hacia él es lo más inteligente que se puede hacer porque ni siquiera los mejores nadadores se libran del peligro cuando el mar no tiene un buen día. Incluso siendo prudente en el mar puedes llevarte un disgusto, no hay que andarse con tonterías.

Sí, me da “cosa” que pueda pillarme una corriente pero nunca tuve demasiado miedo a eso ya que al no saber nadar rara vez me alejo de la orilla y rarísima vez me voy a donde no hago pie, a no ser que esté muy acompañada y en uno de esos días de bandera verde en los que se podría llevar gloss con el pelo suelto. Casi utópico.

Así que no, el mar no me agobia tanto porque la mayor parte del tiempo estoy haciendo pie. Los barcos por otra parte tampoco me dan yuyu aunque he subido en contadas ocasiones y siempre en los típicos barcos de transporte público en los que ni siquiera huele a mar, vamos, que no sé lo que es pasar el día en el yate y darte un chapuzón lanzándote desde la proa (sea lo que sea la proa de un barco).

Es sin embargo cuando paso cerca de un polideportivo que me empiezan a sudar las manos. Me pasó el verano pasado cuando llevaba al hijo de unos amigos a su cursillo y me pasó este año cuando tuve que volver para apuntarme al que estoy haciendo yo. Manos sudorosas, recuerdos desagradables de la infancia, ganas de dar la vuelta y pirarme a mi casa.

Lo que me da miedo es un TODO referente a las piscinas municipales: el olor a cloro, los gritos de los monitores, los sonidos de los altavoces a través de los que no se entendía absolutamente nada. En principio no tiene porqué ser agobiante pero si asocias estas cosas a no ver un pimiento (porque de pequeña necesitaba gafas y sin ellas no veía NADA), que era timidísima y no me atrevía a hablar con nadie ni siquiera para preguntarles dónde estaban los alumnos del cursillo de iniciación y que además estaba muerta de vergüenza por ir vestida en bañador (eso sí que me daba pánico), lo que obtienes es una puta pesadilla. Cambia el agua por fuego y tienes el infierno directamente. Pero espera, que tengo más.

Cuando era pequeña pegué el estirón muy rápido, pero sólo a lo alto. Mis compañeros de clase me apodaron “amablemente” tabla de surf por lo alta, plana y blanca; un amor de niños. Recuerdo estar en la playa y algún niño comentar señalándome “mamá, ese niño ¿porqué lleva bañador de niña?” y todo así.
Total, que yo tendría unos 8 ó 9 años cuando mi madre decide que tengo que aprender a nadar. Soy muy mala para las fechas y más aún con las que quiero olvidar pero recuerdo que mi madre me regaló el disco Campeones con las canciones de los dibujos animados de Telecinco y eso tuvo que ser en el año 1990.
En esto mi madre me lleva al vestuario y mientras me preparo (quitarme ropa – ponerme gorro), mi madre habla con unas niñas de mi altura más o menos pero que resultaron ser bastante más mayores. A mí me lo parecían pero bueno, mi madre me metió en aquel embolao, ella sabría.
Así que mi madre le encasqueta su hija a aquellas dos niñas y yo las sigo hasta la piscina como buenamente puedo, porque no veía una mierda sin gafas (para mí eran dos manchas de colores) y me pongo tras ellas en una fila ahí a orilla de la piscina grande. Yo probablemente habría dejado de llorar en cuanto me mandó ir con ellas por pura vergüenza pero recuerdo estar haciéndolo a todo trapo en los vestuarios sin miramientos mientras mi madre trataba de consolarme a ratos y el resto del tiempo me reñía. Yo también lo sentía por ella, seguro que también pasaba mucha vergüenza, pero que mi madre me hiciese pasar por aquel mal trago, ella que siempre era tan cariñosa y lo sigue siendo menos cuando discrepamos al hablar de política, para mí era más doloroso que tener que morir ahogada.

Recuerdo perfectamente las puertas batientes de entrada, con ventanuco circular, igualito que un matadero y no me refiero al centro de arte.

El monitor, que llevaba colgando del cuello un silbato que usaba justo antes de llamar a gritos a alguien que habría hecho algo mal (lo que para mí convertía la natación en el servicio militar) empieza a pasar lista, una lista en la que yo nunca estaba. QUÉ RARO ¿NO? y ¿Porqué no estaba? Pues porque yo no sabía nadar y por eso me correspondía ir al famoso nivel cero ¿y donde se daba ese curso? en la piscina pequeña ¿y dónde estaba yo? En la piscina grande, con los chicos del nivel 2, sin saber nadar, con miedo al agua, sin aparecer en la puta lista del comandante piscinas que además, sudándosela totalmente, me empujaba al agua día tras día incluso tras comprobar ya no que no me moviese ni un centímetro del sitio, sino que no paraba de mover brazos y piernas a lo loco (chapoteo de la muerte) tratando de no hundirme y daba gritos como bien podía en plan “es que me ahogo” cuando debería decir “¿no ves que no sé nadar, imbécil?” porque repito NO SABÍA NADAR.

Después de varios días me pusieron una boya. Era una especie de cinturón que se ataba bajo el pecho con un huevo de corcho que quedaba a la espalda. Esa mierda no te ayudaba a nada, sólo ayudaría a los monitores a recoger tu cadáver en caso de muerte porque impedía que te hundieras, no que te ahogases. Y lo peor es que era super humillante. ¿Qué cojones pintaba yo allí con 12 guajes más que sabían nadar perfectamente? Encima de no ver nada, de darme pánico y de sentirme totalmente inútil rodeada de putas estrellitas olímpicas (lo siento, no es personal) se une la putada de no oír bien.
El caso es que no tengo ningún problema auditivo, es más tengo un oído finísimo, qué pasa, pero el hecho de no ver bien hacía que tampoco pudiese oír con claridad. Ya sé que se suele decir lo contrario, que los ciegos desarrollan un sentido del oído fuera de lo normal pero en mi caso yo no era ciega si no que veía mal y gastaba toda mi energía en tratar de ver bien, porque a ver mal, amiga, una nunca se acostumbra.

Vamos, que todo era una puta mierda muy grande.

Tuvo que haber un cambio de monitor para que se dieran cuenta de que yo no pertenecía a ese grupo y al nuevo comandante piscinas le dio la cabeza para cuadrar la ecuación: no está en la lista porque no es de este cursillo, de ahí que no sepa nadar.

Me llevaron a la piscina pequeña donde básicamente te hacían mover las piernas agarrada al bordillo y hacer el muerto. Al menos ya no veía a la muerte riéndose en mi cara cada tarde pero seguía siendo bastante putada quedar siempre de pardilla porque no tenía mis cinco sentidos disponibles: “chicos!! venid para aquí!” ¿dónde coño era “aquí”?

Ese cursillo se acabó muy pronto y no aprendí a nadar. Aprendí que hay peña con supuestos puestos de responsabilidad que pasan de todo aunque la evidencia esté delante de sus narices, aunque por suerte las cosas en las piscinas municipales han cambiado mucho.

Años después en el colegio nos llevaron a un cursillo. Por un lado era guay porque nos librábamos de las clases pero por otro era una pesadilla a cambio de lo malo conocido.

El primer año le supliqué a mi madre que no me llevase y algo pasó que me dejó libre. Recuerdo con cariño esas tardes en las que me quedaba en casa viendo el telediario con mi madre que ya habría salido del trabajo y después Cheers con mi hermana mediana que ya habría vuelto del instituto. Pero el segundo año no pude librarme. Creo que era sexto de EGB pero tampoco lo recuerdo bien.
Íbamos en el autobús, todo el mundo iba contentísimo y yo quería que me tragase la tierra: se iban a descojonar viéndome morir.

Luego resultó que no te enseñaban a nadar, era sólo ir allí a hacer un poco el pijo, remojarte y volver. No me lo pasaba especialmente bien pero era un alivio saber que esta vez nadie me iba a tirar al agua a morir, no iba de eso, aunque siempre me quedaba la duda de que en cualquier momento nos dijeran “venga, ahora todos a hacer un largo”. Aunque nunca ocurrió.

Yo nunca llegué a pasármelo bien del todo pero conservo un buen recuerdo, sólo uno del día en que se vino con nosotros el profe de prácticas al que le dije que me daba mucho miedo el agua y creo que por ello simpatizó conmigo. Fue la primera persona mayor que no me dijo “bah, tonterías, si no te vas a hundir”. Seguro que a él también le daba un miedo que te cagas.

No me acuerdo ni de su nombre ni de su cara pero dios te bendiga amigo. Espero que tengas una buena vida, y que no sólo sepas nadar sino que lo hagas entre billetes de 500.

Llevo toda mi vida tratando de evitar cualquier posibilidad de verme en una piscina. En realidad llevo toda la vida tratando incluso de tener que ponerme en bañador, sobre todo porque conlleva enseñar las piernas. Ya sé que es una estupidez y yo soy la primera que flipa con esta movida pero es lo que hay: sé que mis piernas llaman la atención y no por hermosas precisamente, si no por blancas. Me han dicho de todo y a la hora de elegir vestimenta estas cosas pasan por tu cabeza e influyen fuertemente, sobre todo cuando tú misma eres la primera que no quiere vérselas.

Aún así trato de obligarme a mí misma a llevar shorts y faldas muy cortas en verano, además las faldas largas nunca me gustaron (nunca me he puesto una falda larga, ni me gustan ni son prácticas).

Por otra parte nunca me ha gustado demasiado enseñar el cuerpo, no sé. No tengo nada en contra de que la gente haga topless o que directamente vayan con el culo al aire pero yo nunca he sentido la necesidad de quitarme la ropa al aire libre. De hecho lo que me ha pasado es ir a la playa con gente, todos despelotarse y yo quedarme con el bikini en plan “hmm, no sé si estoy haciéndoos un feo, cargándome el protocolo o algo pero yo no quiero quitarme la ropa amigos”. Me refiero a típica playa donde hay peña desnuda y peña vestida porque cuando me han llevado de encerrona a una playa nudista sin consultármelo me ha parecido como el orto, no por mí, que no me asusta ver dos pichas bajo el sol, si no porque los demás puedan sentirse ofendidos, que no sé yo bien cómo funcionan las leyes del nudismo pero me huelo que algo de eso hay.

A ver, que no soy idiota, que si hay que desnudarse me desnudo y punto, pero he visto gente que hace topless y luego se envuelven en remilgos cuando el médico les tiene que hacer un reconocimiento por debajo de la camiseta. Lo mío es simplemente que normalmente no me pide el cuerpo despelotarme. De hecho sí, una vez me bañé en pelota picada en una playa con dos amigos pero estábamos ligeramente embriagados, lo estábamos pasando pipa y fue una risa. Allí murió mi reloj favorito, un Casio precioso que no era sumergible. Pero vamos, que yo es que no creo ni que me despelotase para tomar en sol en el jardín de mi casa (que por otro lado no tengo).

Y todo esto lo cuento para decir que no estoy excesivamente cómoda en bañador pero que el trauma tampoco viene por ahí.

Vacaciones en playas y piscinas

Siempre preferí las vacaciones urbanas pero es cierto que con el tiempo he empezado a valorar lo de ir de vacaciones y descansar de verdad, cosa que en una ciudad no puedes hacer de ninguna de las maneras, sobre todo cuando es una ciudad con gran riqueza cultural y una oferta de ocio que será perfecta para salir de la rutina pero en la que vas a llegar más cansado de lo que empezaste.
Así que en los últimos años, la costa del sur de Espiña, la de Portugal y alguna que otra isla han sido los destinos elegidos por “R” y por mí. También somos muy de camping y allí siempre suele haber una piscina acechando. Pues bueno, ya que estamos nos metemos, incluso las hemos buscado.

El verano pasado incluso buceamos. Nos pasamos una semana entera viendo peces. No hacíamos otra cosa y creo que fue eso lo que más me animó a aprender a nadar de una vez por todas, porque sabía que me estaba perdiendo algo bueno.

Me meto, chapoteo, incluso disfruto pero sigue sin ser mi medio. La poca (o nula) confianza que me da estar en el agua me ha llevado a pasar algunos momentos de pánico, ningún susto grave, sólo breves pero intensos.

Esto me hace pensar que sí, el agua me da miedo pero esta frase tiene un significado muy genérico y no se cumple al 100% porque si yo misma me busco unas vacaciones cerca del agua es que mucho miedo no me da. No sé si me explico.

No lo entiendo bien ni yo.

Y con 33 años decido que ya es hora de dar el paso

Creo que fue hace 4 años (os recuerdo que soy muy mala para las fechas y no tengo ningún disco relacionado con ésta) cuando me operé de la vista. Ahora no necesito gafas para nada y eso anima mucho para según qué actividades. Nadar es una de ellas.

Soy un poco lenta porque bien podía haberme apuntado antes pero bueno, estoy segura de que cada cosa tiene su momento y lo mío con lo de nadar es ahora que me he visto fuerte para probar y en fin, tampoco es que estuviera animadísima, digamos que me he obligado sin más.

Así que me compré unas chanclas, un bañador (el que tenía a los 10 años no me sirve, qué raro) y la verdad, el momento más emocionante fue el de preparar el neceser para el vestuario 🙂 eso por supuesto podéis verlo aquí.

Cuando fui a apuntarme me sudaban las manos. Lo juro. Pensé “con un poco de suerte no hay plazas y tengo que posponerlo unos meses”. Pero sí. Había sitio.

La noche antes del primer día de cursillo estaba nerviosísima. Más de lo normal.
Al día siguiente, mientras desayunaba, me daban ganas de vomitar. A puntito estuve.
Caminaba hacia el polideportivo como una zombi pensando en el berenjenal en el que me había metido yo sola.

Por suerte en horario de mañanas no hay casi nadie por allí. Habrá unas 30 personas en total y gran parte de ellas son los jubilados del aquagym que están en la piscina pequeñita. Vamos, que casi parece que no hay nadie.

Lo mejor de esto es que no hay “griterío” que es algo que me angustia un montón: las voces chirriantes y los ecos que producen en un habitáculo tan grande y totalmente alicatado. Os pensáis que me tiro el moco pero a mí esto me agobia sobremanera. Cada uno con sus mierdas.

Por cierto, los productos que utilizan ahora para desinfectar han mejorado mucho, ya no huelen tanto a lejía. Al rato ni te acuerdas 🙂

Pues nada. Que en el vestuario me encuentro con las 4 únicas mujeres que componen el curso, sólo un señor más completa la clase. 3 señoras y un paisano adorables que hacen lo que pueden bajo el agua, que no es mucho pero a mí me parecen superhéroes totales. Hay algunas personas más pero ya nadan algo y entonces te cambian al carril 2 o como se llamen las vías que dividen la piscina.

Lo primero que te preguntan es si sabes nadar “algo”. Yo ya dije que no sabía nada y que además me daba miedo. 

El primer día me metí sin demasiado miedo en el agua, además está calentica 🙂 pero soy consciente de que con gente alrededor y más siendo sólo 5 alumnos en el cursillo ya sería raro que me pasase algo, así es fácil perder el miedo.

Me agarro de vez en cuando al bordillo pero la mayor parte del tiempo estoy tratando de nadar con ese estilazo de robot cortocircuitando que me define. Las monitoras se tienen que morir de risa, en fin. Yo también lo haría si me viera, eso seguro, pero bastante tengo con coordinar brazos, piernas y respiración y lo que es básicamente tratar de no morir.

Total que con churretes y tablas de corcho te vas ayudando para moverte un poco por el agua y ya si vas de lado a lado hasta parece que pilotas. A mí me tienen como la alumna aventajada, o sea, así de mal está el tema pero bueno, hay que tener en cuenta que ninguno de mis compañeros tiene menos de 65 años.

La cosa rara que me pasó el otro día

Lo que han tratado de enseñarme estos días es a coordinar los movimientos: mover correctamente los brazos, las piernas, coger aire, explusar aire y esas cosas. El A B C de la natación.

La monitora, que no se parece en nada a los comandantes piscinas de antaño, insiste mucho (sin gritar y sin silbato colgando) en que respire de lado y coja mucho más aire pero es que me aterra meter agua en los pulmones, así que aunque trato de no hacerlo, cojo muy poquito aire y evidentemente se me acaba en seguida y en lugar de respirar me tiro 3 metros hiperventilando y claro, me agoto más por respirar a toda caña que por el ejercicio físico que estoy haciendo, es decir: me quedo sin aire fuera del agua. Casi como tú leyendo esto.

Noto como se me cansan las piernas, incluso noto cierto dolor en los brazos típico del esfuerzo físico, pero poca cosa, nada que me impida parar. Lo que me hace parar es que me quedo sin aire porque respiro como un perrillo histérico, incluso sin estar cansada.

Así cuando era pequeña y me tiraban a la piscina grande a morir yo le decía al cabrón del monitor “¡que me ahogo, que me ahogo!” y el pavo decía “¡qué va! ¡qué te vas a ahogar si te estoy viendo yo!” como si fuera estúpida. Ya sé que tengo la cabeza fuera del agua ¡¡Coño, que me ahogo fuera!!

Hijoputa.

Fue por esto que entendí que mi mayor traba en el agua es que no soy capaz de respirar tal y como lo hago naturalmente fuera de él y llegué a la conclusión de que controlando la respiración podría aguantar más tiempo en el agua practicando así la coordinación y finalmente coger confianza y lograr lo que viene siendo nadar.
Evidentemente no aspiro a ir a las olimpiadas pero estaría guay poder controlar eso.

El caso es que yo me veo que puedo moverme unos cuantos metros “fatalmente” pero puedo, entonces joer, entiendo que mucho miedo no me da ¿no? O sea, yo no siento miedo cuando estoy “medio nadando” entonces ¿porqué se me acelera la respiración?, ¿porqué soy incapaz de respirar tranquilamente?

Pues en la cuarta clase algo vió la monitora. Me mandaba llenar más los pulmones de aire y nah, no me salía. Imposible. Así que nos mandó a todos acercarnos al bordillo, y de pie, paralelos a la pared de la piscina, impulsarnos hasta tocar fondo para luego subir lentamente, y haciendo ese ejercicio fue cuando me pasó la cosa más rara e inesperada.

Cuántas veces habré jugado yo a impulsarme hacia el fondo y aguantar la respiración debajo del agua, pues mil. Pero tuvo que ser ayer y en un lugar de la piscina donde el fondo no está a más de 30cms de mis pies, para que al tratar de salir a flote me diese una ansiedad como nunca antes había sentido. Me parecía que la pared estaba lejísimos, que me quedaba sin aire (llevaría apenas 4 segundos bajo el agua) y necesitaba salir de allí YA. Lo intenté 3 veces, a la cuarta ya me notaba tembleque y tuve que dejarlo. Vamos, el canto de un duro me faltó para que se me saliesen las lágrimas allí mismo. Se me hinchó la garganta y casi no pude ni contestar cuando me preguntó si me había pasado algo de pequeña con el agua. “Siempre me dio miedo” le dije con un hilito de voz, porque si le tengo que relatar este pedazo de post nos quedamos todos arrugados como pasas.

Yo fui la primera sorprendida, no me esperaba para nada esa reacción y menos delante de desconocidos, porque en confianza soy muy llorona: lloro con 3 de cada 5 anuncios de la tele, y supongo que es esa misma hipersensibilidad la que hace que me de vértigo sumergirme para mirar la profundidad de la piscina. Pero sinceramente, estos días atrás me había visto fuerte en el agua y no me esperaba que me pasase esto.

Lo más extraño es que no sé muy bien lo que me da miedo pero está claro que ahí hay algo porque lo que me pasó en ese momento no fue una reacción normal y antes de que me pasara no sentí miedo, no tenía miedo de sumergirme ni tocar el fondo de la piscina, fue algo que simplemente sucedió y cuando volví a repetir lo que estaba haciendo para comprobar que no estaba flipando me volvió a ocurrir.

La gente por supuesto, compañeros y monitora, fueron muy comprensivos. Incluso otra chica me preguntaba con mucho tacto en los vestuarios y se agradece poder comentar lo sucedido, a mí al menos me ayuda.

Luego en casa, mientras le contaba lo sucedido a “R” se me querían salir las lágrimas. Es que no me lo esperaba.

Al menos me queda el alivio de que en cuanto la monitora se dio cuenta de que pasaba algo nos mandó hacer un ejercicio muy concreto que fue lo que hizo clic en mí, así que supongo que es un problema conocido y habitual, lo que me hace pensar que tiene solución.

Supongo que hay casos como puñetazos. A mí me decían que en un par de semanas seguro que ya habría perdido el miedo y lo que ha ocurrido en este tiempo es que me he reencontrado con él. No sé cómo de confiada iré el próximo día y aunque me va a dar más miedo que estos días atrás creo que el descubrimiento ha sido un paso adelante, o eso quiero pensar.

Y felicidades a mi hermana Carmen, que hoy es su cumpleaños.

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  1. Monse S. G. says:

    No te preocupes, el miedo es irracional e incontrolable. No todos somos capaces de superar nuestros miedos, a mi me aterran las arañas y cuanto más tiempo pasa, más pánico tengo… Te envío mucho ánimo para que sigas intentándolo, y si decides dejarlo, no pasará nada. Haz las cosas que te hagan feliz.
    Un besito y felicidades a tu hermana. (por cierto, lo he leído enterito 😉 )

    1. Clara says:

      Ánimo compañeras aracnofobicas!! A mi tambien me pasa y siempre me han mandado fotos y videos de arañas en plan "si no hace nada" y a mi se me ponían los pelos de punta.

  2. Es una maravilla leer tus posts… Tu historia me ha recordado a la de mi hermano cuando empezó a nadar. El "que me ahogo, que me ahogo" era muy típico y de él y su monitor parecía salido del ejército (con silbato incluido también). Yo aprendí a nadar sola, no sé, me dejaban en la piscina pequeña y no me tuvo que enseñar nadie. Lo mejor de ir a la piscina y con lo que te tienes que quedar es con la relajación máxima tras la ducha y llegar a casa y relajarse(si se puede). Mucho ánimo y tú puedes

    1. Gracias! Qué suerte haber aprendido sola a nadar, mucha envidia.
      Lo de la relajación al final del cursillo estaba funcionando hasta este último día que salí bastante preocupada, la verdad. Espero que sólo sea una fase del aprendizaje 🙂

  3. Montse Arosa says:

    Mucho ánimo!!! Uff que mal rato habrás pasado!! Yo llevo ya unos meses fatal por culpa de la ansiedad, ya me da hasta miedo salir de casa por si me da en la calle, lo paso realmente fatal!! Espero que la próxima vez vaya mejor, y si no, pues a otra cosa mariposa!! Un beso, ánimo!!!

  4. Ánimo 🙂 Yo soy capaz de meterme en las piscinas, pero me aterra bucear y nadar me cansa un montón porque tampoco controlo la respiración. Y bueno, nado cómoda en entornos conocidos y ahora, porque cuando era pequeña también me entraba como ansiedad, y bueno, no te voy a mentir, ahora también, porque algunas amigas mías tienen la jodida cosa en la cabeza de que sumerja y todas esas gilipolleces, que me dan ansiedad y ganas de llorar también, pero en fin -_-

    Y nada, a riesgo de enrollarme ya por lo menos me desahogo, y te incluyo que nada, que yo también iba a natación de pequeña, pero tampoco veía un pijo, así que mientras los otros niños parecían también estrellas de la natación yo nadaba como una rana o como un perro y deseaba salir de allí (creo que la tortura duró dos veranos). También odio los bikinis (no me gusta tampoco ir enseñando carne, jaja) y cuando tenía como 10 años o así me costó la vida dejar un día a relucir mi cuerpo blanco (porque soy pálida a rabiar, lo cual acentúa también el tema, como también dices que te pasa a ti) y me metí a la piscina toda inocente y llena de temor y en fin… iba pegada al bordillo y en un momento me solté sin querer y aunque salí ilesa, yo pensé que la palmaba ahí mismo (lo peor o mejor – ni sé qué decirte – es que nadie se dio cuenta).

    Años más tarde solo me vi, por suerte, en la tesitura de que en bachiller nos obligaban a ir a la piscina en clase, pero como tengo asma me libré, porque si ves las palizas de un lado que se daban y saltando del trampolín y mil cosas más (yo habría muerto en el primer largo, o en su defecto habría estado toda una hora para llegar a la otra orilla).

    En la actualidad, como te digo, me meto, pero odio cualquier contacto, me da ansiedad que me chapoteen (algo que también me hacen las cabronas de mis amigas cuando les da por ahí)… En fin, un cuadro, jaja.

    Así qué ánimo y ¡a por ello!

    1. Ufff, nada me hacía menos gracia que las puñeteras "aguadillas" que se supone que son graciosísimas, si, si, que un amigo te hunda bajo el agua a la fuerza es un descojone, vamos, me troncho.

      en fin, a ver si poco a poco va mejorando la cosa, pero las bromitas bajo el agua me temo que nunca me harán gracia.

      Gracias por tu mensaje.

  5. A mi tampoco me gusta mucho el agua, aunque conseguí aprender a nadar y flotar (aunque parezca más un perro que una persona xD) ni ponerme en bañador. De mis amigas era la típica que no se quita el vestido en la playa o dice tener la regla para no apartarme de la toalla.

    Yo tengo ansiedad, y esa angustia bestial de un segundo a otro que dices que sentiste me recuerda a mis ataques de pánico. Aterran y dejan aún más miedo que antes, pero el haberte dado cuenta, aunque ahora creas que estás peor que antes, es un GRAN paso. El simple hecho de que te apuntases al curso teniendo tanto miedo es un paso enorme.

    Yo te animo a que sigas poco a poco, y más si has dado con una monitora que sigue tu ritmo y no te marca objetivos titánicos de un día para otro. Y si quisieses ahondar un poco más en el porqué de ese miedo irracional, una cita a la psicóloga podría ayudarte a encontrarlo y entenderlo para que deje de bloquearte.

    ¡Felicidades a tu hermana, que encima es tocaya mía!
    Un besote 🙂

    1. jejeje, yo de pequeña también me inventaba movidas para no quitarme las bermudas. Vaya plan 🙁
      Yo también quiero pensar que haber sentido ese 2pánico" es un paso hacia adelante, pero ahora cada vez que pienso en el próximo día de cursillo se me revuelve el estómago. Uff. En fin, muchas gracias por tu mensaje y tus ánimos. Espero que tú también superes tu ansiedad, algo que por desgracia empieza a ser casi normal sufrir estos días. Un abrazo!

  6. Me ha encantado el post, que compartas tus miedos y que intentes superarlos! Tú puedes!! La verdad es que de pequeña me encantaba el agua, nadaba y buceaba como una sirena, pero llego la adolescencia, los miedos y las bromas y me acojonaba meterme con tan poca ropa, y si a eso lo sumamos a un mal revolcón con una ola me pasé años sin pisar nada acuático. Así que cuando superé los traumas y volví a la playa mi técnica empeoró, pero poco a poco vuelvo a nadar como antaño, así que tú tranquila, poco a poco y sin prisa, que puedes con eso y con más!! Besos!!

    1. Yo también tuve uno de esos revolcones por una ola, cuando me dejó en la orilla casi pierdo el bañador y mi madre y mi tía se morían de la risa XD ahora lo pienso y me hace gracia pero en el momento creí morir.
      Gracias por los ánimos 🙂

  7. Olivia says:

    Me ha encantado tu post!! Me siento identificada en algunas cosas. La primera, primerísima persona a la que odié (pero odiar de "ojalá te mueras", muy en serio) fue mi monitor de natación. Y solo tenía 4 años! Aún se la tengo jurada, como siga vivo y un día lo pille de casualidad en algún lado…se va a acordar de mí! Jaume se llamaba, nunca me olvidaré de él. Recuerdo que fardaba diciendo que podía sumergirse y tumbarse en el fondo de la piscina, y yo siempre lo miraba desde arriba con desprecio. Un día tardó más de la cuenta en subir y yo pensé "ala, que hoy se ha ahogado de verdad!!! que no sale!! por fin *_*" XDDDD pero no, volvió a salir del agua. Era terror. No sabía nadar, y era tipo lo que tú cuentas, lejos de conseguir enseñarme me tiraba al agua y casi parecía que se divertía viéndome agonizar.

    Las clases eran los viernes, y a los que estábamos apuntados a natación nos venían a buscar al cole con autocar media hora antes de que los demás niños salieran. Cuando pasábamos de cierto punto en el recorrido me empezaba a poner nerviosa, me dolía la tripa y me cogía algo parecido a lo que ahora sé que es ansiedad. Si hasta me levantaba cada día por las mañanas preguntándole a mi madre ¿hoy es viernes? Con miedo a oír “sí, es viernes cariño”

    Al cabo de un tiempo mis padres se dieron cuenta de que algo iba mal, vinieron a ver una de las clases de incógnito, comprobaron que el tal Jaume era un cretino y me desapuntaron. No aprendí a nadar hasta los 8 años, y aprendí más o menos sola, en una piscina privada no muy grande. Pero no sé nadar en serio, ni con técnica, simplemente me siento cómoda en el agua, pero todo eso de la respiración y tal….realmente no lo domino. Al tal Jaume lo sigo odiando a pesar de los años.

    Perdona por el tocho, pero es que me ha gustado mucho leerte y quería contar un poco mi historia también ^^ Mucho ánimo con tus clases, seguro que puedes superarlo, y si no, oye, tampoco es ninguna obligación! Un saludo!!! (Sei de Kaowaii Stage)

    1. Es que los monitores de antaño eran muy odiables. Encima el tal Jaume haciéndose el duro delante de unos niños. Pobre hombre, en el fondo me da como penita.
      Cómo te entiendo con lo de levantarte con ansiedad por que fuese día de cursillo. Recuerdo perfectamente esa sensación. Qué horror!
      Gracias por el mensaje, la verdad es que reconforta saber que una no está sola en esto, aunque no se lo deseo a nadie evidentemente. Un abrazo!

  8. Te deseo mucho animo y mi recomendacion es que sigas. Superaras tus miedos aunque necesitaras mas tiempo. El que la sigue la consigue. Y asi como esto, hay que aprender a superar las dificultades que se nos presenta en la vida.

    1. Eso es, aunque me da una pereza terrible y más aún cuando me da miedete estoy muy convencida de que tengo que insistir. Sin duda es el momento y aunque pase malos ratos como el de la última clase, sé que lo voy a seguir intentando. Quizás no se me quite nunca el miedo pero ahí voy a seguir.
      Gracias por los ánimos 🙂

  9. Oh Calíope says:

    Yo estuve a punto de ahogarme de pequeña en una piscina (familiar) y pasé unos años con miedo al agua. Aunque se me pasó el miedo, ahora nado como cuando tenía 5 años… estilo perrito o tipo abuelo. Resulta que me he ido a "juntar" con un chico que era campeón de natación de blah blah blah y hacía waterpolo y tal (ironías de la vida)… y me dice que aprenda a nadar. Siempre me he "avergonzado" de nadar como un niño pequeño, porque tampoco pensaba que hubiera más gente adulta que no supiera nadar bien. Así que después de leer tu historia, creo que haría bien apuntándome a un cursillo para nadar, mejorar mi técnica, o como quieran llamarlo. Me has motivado. ¡Ánimo!

    1. Genial! 😀 Pues mi chico al revés, no sabía nadar hasta que el año pasado se apuntó a un cursillo y ahora sabe. Fue raro porque entonces me podía haber apuntado con él pero no era mi momento. En fin, me alegro de que se te haya quitado el trauma, son pesos muy pesados para cargar con ellos toda la vida 🙂

  10. PyF says:

    Amiga, estás guerreando tu FOBIA REAL con exposición al ansiógeno, así que no te extrañe tener ataques de pánico, respirar mal, ganas de llorar y salir agotada, es muy difícil, mucha gente hace esto con ayuda de pastillas y profesionales y tú lo estás haciendo a pelo!
    Así que no te extrañe y date un poco de margen, Lu, es muy difícil!
    Ana D

    1. Dicho así me siento Miss Valiente 2015 🙂
      Me da la sensación de que este problema no podría curarse con pastillas, de hecho, si hubiera unas pastillas que inhibiesen el miedo al agua te juro que me las comería a puñados 😀 En fin, es un miedo raro, no lo siento hasta que no se ha convertido en pánico, lo que hace que me asuste más porque "no lo veo venir".
      Muchas gracias por tus palabras.

  11. Zazu y Nusca says:

    Yo lo que es nadar bien, no tengo ni idea, sé no ahogarme hundida en el fondo jajajaja me parece que eres una tia muy valiente =) y que si quieres lo consigues, y aparte de esto,todo lo que te propongas! ánimo guapisima :*

    pd: y felicidades a tu hermana jajajaja

    1. Dios te oiga! Y si algún día se me quita el miedo del todo al agua y aprendo a nadar medianamente bien me pondré otra meta, no vaya a ser que esté en racha y lo desaproveche. Se admiten sugerencias : D

  12. neiker says:

    Yo de pequeña estuve a punto de ahogarme en el rio Carrion{Palencia},veia los remolinos de agua por encima de mi cabeza…ya tengo 50 años y ni que decir tiene que no se nadar.Soy capaz de meterme tranquilamente en el mar,pero como pierda pie,el ataque de panico esta asegurado,fijate hasta que punto llega, que estando en el Mar Muerto{que con la saturacion de sal no te hundes ni pa tras}en cuanto me quede tumbada en el agua,sentia que me iba a hundir,intentaba ponerme de pie con un ataque de panico que requirio de la ayuda de 2 socorristas y de mi cuadrilla de amigos.Tampoco soporto que en la ducha me de el agua en la cara,te juro que me ahogo.Como comprenderas entiendo perfectamente tu situacion.MUCHO ANIMO,MUCHO,MUCHO,MUCHO,un abrazo y que sepas que estoy pendiente de ti.

    1. Vaya, lo del agua de la ducha en al cara también me pasaba de pequeña pero se me quitó sólo, no sé bien cómo, pero recuerdo que me daba mucho miedo.
      Menudo susto debiste de pasar en aquella ocasión en el Mar Muerto 🙁 En fin, ojalá algún día podamos superarlo, es una carga tonta que no deberíamos llevar en la chepa 🙁
      Gracias por tus palabras de ánimo y un abrazo.

  13. Yo de la historia me quedo con que debes de ser una tía con cojones y que la gente con cojones normalmente consigue lo que quiere. O siempre intento pensar así, o me sale natural, ya no sé si es una ventaja o que Darwin me comerá por ingenua o gilipollas, ya a esta edad no sé ni qué pensar ;D Otra cosa que con los años me ha sorprendido es que cada quien tenemos nuestras fobias, o como dices, nuestras mierdas. Y que lo que para uno es muy fácil para otro no y así. Y normalmente menos la muerte, el sufrimiento extremo y esta clase de cosas universales al final son cosillas de este estilo no sé, yo no me identifico en la parte del nado porque si bien no soy sirena, digamos que no me ahogo; pero todos tenemos situaciones vaya. No es por quitarle hierro ni mucho menos, pero yo de mis mierdas me alegro de que sean esas, o sea, hay gente que tiene mierdas que le impiden ser felices o salir de sus casas o en generar llevar vidas normales. Cuando tengo problemas que encima puedo intentar solucionar, me pongo manos a la obra y doy las gracias o pienso lo suertuda que soy. Y me dan más ganas de resolverlo, ¡puedo! Y está claro que en esto tienes esa oportunidad también y no solo eso, sino que estás haciendo algo por resolverlo, mucha gente no es que no suma 1+1, es que no llega a considerar que puede en primer lugar y así claro, ni lo intentas…ya tienes el 70% hecho. Sea como acabe la historia cuando a mí me pasan cosas así intento aprovechar esos momentos para intentar entenderme mejor, como dices parece contradictorio que en ciertas ocasiones el miedo no te impida desplazarte y luego te pase lo de la pared, es que igual el miedo no es exactamente a nadar, o sí, no sé. Solo lo puedes saber tú me temo. Otra cosa interesante de aprender sobre uno mismo es la reacción que tenemos ante cosas difíciles. Entender cómo te has enfrentado al tema de la natación y el episodio ansioso etc. es valioso. Al final sacarle algo bueno a lo malo, creo, es una cuestión de actitud. Si ya encima se tienen como te dije los huevos de volver a enfrentarse a lo malo y ganas de autosuperarse, chapó. Si no consigues nadar, que seguro que lo consigues, ya has conseguido bastante. Así que a mirarse al espejo en bikini y reconocerse uno mismo el merecido orgullo de tener ambos pieses en la piscina municipal a pesar de todo y todos. No sé qué dirán los demás, yo te digo que es admirable. Y si además se tiene piel de marfil mejor que mejor 😉

    Saludos

    1. Te prometo que no soy una tía con cojones XD, que por otra parte sería muy raro, verdad? (chiste malo) La verdad es que nunca he sido valiente, tampoco soy la persona más miedosa del mundo pero la valentía te aseguro que no me define. Como bien dices, tenemos esta clase de "problemillas" que al final son un poco problemas del primer mundo, quiero decir, que tenemos todas las herramientas para superarlos y está de nuestra mano tratar de superarlos. Yo tengo la suerte de tener tiempo, una piscina cerca y además tener el dinero para pagar el cursillo, que son unos 24 euros al mes pero bueno, que hay peña que no podría hacerlo. Comprendo perfectamente lo que dices de sentirse afortunada, de hecho estos días, cuando estoy en el agua tratando de nadar pienso que lo soy, hay peña que físicamente tampoco podría hacerlo, por la tara que sea.
      En fin, que todos los males sean como este, ya te digo! Al final, lo de ir en bañador se queda en nada cuando hay otro problema mayor que es respirar 🙂
      Gracias por tu mensaje.

  14. Bufff nena!! Q mal lo pasaste de pequeña!!! Pero verás que para el verano nadas como una sirenita!! Y ole tu x intentar quitarte el miedo y superar este trauma!! Síguenos contando tus avances!!!

  15. RuthCrx says:

    Yo no le tengo miedo al agua, es más, me gusta bastante, pero leyendo tu entrada he sentido una angustia tremenda. Eres super valiente enfrentándote así a algo que te da tanto miedo. Te deseo lo mejor en tu gesta. :*

  16. Mareas. says:

    ¡¡Menuda entrada querida!! Es algo así cómo terapéutica para mí, veo que no estoy sola.
    Te cuento: Creo que lo que te pasa es que los recuerdos te florecen en el subconsciente y te pones tan nerviosa por eso, creo que antes de meterte en la pisci tienes que aprender a relajarte y respirar correctamente para entrar lo más tranquila posible y sobretodo con la cabeza bien recta ya que no eres la única que no sabe nadar mujer. Hazme caso con este tema, tomate el tiempo que necesites para enfrentarte a la pisci lo más tranquila posible.
    Y lo último: Olé tú por contar todo esto, olé¡¡¡¡
    Un beso fuerte.

    1. Ufff, si es que me meto en el agua y siento que tengo 10 añitos, pero no por sentirme joven sino por sentirme asustada y vulnerable. Tengo que sacarme ese peso de encima ya, lo extraño es que pensé que no era tan grande 🙁 Ha sido una sorpresa desagradable. Muchas gracias por tu mensaje Mareínas hermosa 🙂

  17. Unknown says:

    Eres la leche niña, escribiendo digo. Encontrarás la salida, ya lo verás, sólo por el empeño que pones ya te lo mereces. Un besazo y ánimo guapa!
    Yolilarose

  18. Eneri says:

    Me ha encantado leerte y creo que este post te va a venir a ti muy bien a nivel personal. Haberte desahogado, contar tus miedos , tus sensaciones… verás cómo haber descubierto un poco más lo que verdaderamente te ocurre en el agua es un paso para superarlo. Estoy segura!

  19. sonia b. says:

    bueno, dijiste en FB que no creías que nadie iba a leerlo de principio a fin. Yo lo he hecho y me siento identificada en cada palabra tuya; nunca me ha pasado nada pero no puedo ni meterme al agua
    Con cuatro días de cursillo para mí ya eres una heroína, yo me sigo quedando en el intento de querer apuntarme.
    No lo dejes, supera tus miedos

    1. Tú también eres una heroína por haber leído el post entero! 😀 menuda paliza os he dado! 🙂
      Si algún día te animas a apuntarte no dudes en decírmelo, haremos piña online de alumnas acojonadas! 😀
      Gracias por tu mensaje 🙂

  20. Camino F. says:

    Ay, madre, ¡pobre! Menudo trauma D:
    Espero que lo consigas, porque lo disfrutarás un montón, ¡muchísimo ánimo!
    Mi pánico se queda en los exámenes… me gusta aprender, me encanta ir a clases (sí, soy la friki a la que le gusta ir a la universidad porque sí, aunque me aburra en las clases me lo paso pipa)… pero llegan los exámenes y yo me muero por los rincones.
    De verdad, espero que este cursillo te ayude a superar tu miedo y que en nada te deslices cual delfín.
    ¡Un besazo y, de nuevo, muchísimo ánimo!

    1. Uf, estudiar ya es bastante agobiante de por sí, si encima te pones nerviosa con los exámenes ya tiene que ser el infierno. Aunque veo que al menos tú disfrutas yendo a la uni, eso está guay. Yo siempre fui muy mala estudiante, sólo era medianamente buena en lo que me gustaba pero en lo que no era nula del todo. En los exámenes nunca me ponía nerviosa porque ya sabía que iba a suspender XD En fin, qué desastre, pero bueno, me pasé el cole y el instituto sin mucho problema, se ve que no eran muy exigentes 😉
      Gracias por los ánimos y mucha suerte con los exámenes 🙂

  21. El miedo es libre, y tú eres muy valiente al intentar vencerlo. Seguro que lo consigues. Yo también soy mucho de vacaciones urbanitas pero reconozco que se convierten en vacaciones de "no descansar".
    Un besote

  22. verdeoxido says:

    Menos mal que las técnicas de enseñar a nadar han cambiado. Has dado con una buena monitora y eso a pesar del mal trago seguro que lo agradeces internamente. Tía, estás siendo valiente, te estás enfrentando a tus miedos y eso es de gran admiración por mi parte.
    Un beso

    1. Ya te digo, ha cambiado muchísimo la cosa. Quiero pensar que estoy haciendo lo correcto pero que apareciera esa ansiedad sin esperarlo me ha dejado bastante traspuesta. Espero que sea una fase del aprendizaje 🙁
      Gracias por los ánimos, un beso!! 🙂

  23. Me ha encantado la entrada aunque no me hace gracia que te pasase eso, joe.
    Yo tampoco sé nadar. Nunca he ido a una piscina hasta el año pasado creo… o antes pero vamos pocas veces. (quizá a los 25 fui por primera vez) y nunca se me ocurrió intentar nadar porque me da pavor.
    Lo que más miedo me da es también en piscina. En el amor tampoco es que sea una arriesgada pero mientras haga pie soy la primera que va corriendo a mojarme (aunque antiguamente hasta ponerme en bikini delante de gente me daba pavor). Ahora me pasé al otro extremo, en el que ni verguenza me da ponerme en pelotas porque soy muy libre para todo.
    Me ha gustado mucho eso de conocidos/as tuyos/as que mucho despelotarse pero luego en el médico son megapudororsos, yo no, me despeloto donde sea jaja, lo digo a lo exagerado vaya. De hecho estoy orgullosa de haber ido veces al gine y decirme sobre todo ellas (las gines)que da gusto lo rápida que soy por lo tranquila que estoy, total es algo rutinario todos tenemos lo mismo y tampoco es pa tanto ¿no? jaja.
    Me gusta leer personas como tú que tienen en común conmigo tantas cosas la verdad.
    Yo sufro hasta para ir al gym, quien lo diría… básicamente porque fui como 4 años a uno en el que me sentía tan bien que casi ni me importaba lo supermega colorada que me pongo, total la mayoría eran señoras y las que no pues eran tías bien normales con hijos y yo allí de jovencilla con 20 simplemente por hacer algo con mi cuerpo. Iba a gyms de 30 minutos, a los cuales ahora me da pavor y no tengo casi tiempo para ir. Me da pavor porque no quiero que haya muchas mujeres tampoco, no me gusta que me miren. jaja.
    Resumen… me dan pavor las piscinas y pensar en ahogarme porque soy una toli total en ellas… y me encanta leerte.

    1. He tenido que leerlo dos veces y parece que el autocorrector te ha cambiado "mar" por "amor". El tema es que te ha quedado una metáfora preciosa 😀
      jajaja además como luego has dicho que te despelotas donde sea ya ha sido la leche, jejeje, Nah en serio, Muchas gracias por tus palabras. Esto de los miedos supongo que tiene sus motivos ocultos y en fin, a mí lo del agua me estaba limitando mucho así que me he lanzado ahora pero lo mío he tardado, que ya soy mayorcita. Bueno, nunca es tarde. Esperr que tú también superes los tuyos y que sigas despelotándote donde te plazca siempre 😀
      Un beso!!

  24. Mucho ánimo. Por el mero hecho de intentar enfrentarte a tus miedos, ya eres una valiente, no cualquiera en tu posición se habría apuntado voluntariamente al curso. Ahora ya es cuestión de ir ganando batalla por batalla, sin prisa 😉 muacs!

  25. Ole tú! por contarnos esto y compartir tu experiencia con nosotras…
    Yo tampoco sé nadar, tengo 23 años y me da miedito el agua…no es a un nivel muy terrorífico, pero no me siento cómoda… mis problemas realmente con el agua y nadar son: que de pequeña no me rodeaba de muchos niños como para atreverte de esa forma en que los niños se atreven a meterte en el agua, "aprender" solos, meter la cabeza debajo de agua y tal…siempre iba con mi madre a la playa y ella tampoco sabe nadar; varias veces de estas en las que el mar se encabrita y te suelta una olaca me ha revolcado y sentía que me ahogaba y no me hacía ni pu…gracia; alguna vez me han cogido desprevenida colegas con sus graciosisimas ocurrencias de cogerte en brazos entre varios y tirarte al agua a traición, me reitero, ni puta gracia xD; además siempre he sido una enmadrada y timida, muy timida y aunque mi madre quiso más de una vez apuntarme a la piscina a que aprendiera yo le decía que no quería por nada del mundo y ella pues cedía y no me apuntó nunca…ahora creo que quizá lo mejor hubiera sido que me obligara a ir…a lo mejor hubiese aprendido y no habría más problema con eso, peero no fue el caso, así que hoy me encuentro con vergüenza (ya no tanta, en mi adolescencia me daba más) a no saber nadar a mi edad, con un novio que quiere que aprenda y que intenta ayudarme con paciencia, y conmigo misma, que quiero aprender (soy y vivo en Málaga, playa hay pa reventar, me paso el verano en ella), pero que a la vez (se la su..)me da igual porque pienso que no es algo imprescindible, sino que es una actividad más, como hay quien no sabe patinar y no por ello es menos que nadie… a mi con remojarme para quitarme el calor me basta jajaj
    Así que he ahí mi dilema, solo decirte que te entiendo, que los tienes muy bien puestos por intentar superar tu miedo y que me alegro de no estar sola. Un besoo y mucho ánimo con tu encomiable labor 🙂

    1. Muchas gracias por tus palabras, cómo te entiendo! De todas formas mira mi caso, que me apuntó mi madre obligada y no me sirvió para nada más que para sufrir! No aprendí nada, todo fue un desastre. En fin, todo tiene su momento. Tampoco es que estar enmadrada sea bueno pero hay niños que necesitan a mamá más tiempo, en fin, no todos somos iguales. Seguro que tu momento llega, para vencer el miedo que sea.
      Gracias por los ánimos 🙂 Un beso

  26. Cosmoadicta says:

    Una campeona es lo que eres. Yo soy incapaz de enfrentarme a mis miedos, y son unos cuantos. El miedo no es racional, no tiene una lógica clara ni tiene porqué tener un origen concreto. Aparece de la forma más absurda y nos bloquea. Plantarle cara requiere mucho valor y tú ya lo has hecho. Me ha encantado leer tu post. Eres una artista

    1. Gracias! 🙂 Que me emociono.
      Yo también decía que era incapaz de apuntarme a la piscina hace un tiempo, y hablo de meses. Lo he hecho de puro puntazo porque ya estaba convencida de que nunca me apuntaría a nadar, que no me hace falta para nada. En fin, está claro que no me hace falta pero tampoco está mal saber nadar. Así que supongo que si me ha dado el puntazo a mí con esto quizás te dé a ti también ¿no? Yo no soy especial 🙂
      Muchas gracias por tu mensaje :_)

  27. M. says:

    Igual el tema de la ansiedad bajo el agua tiene que ver con el hecho de que coges poco aire antes de sumergirte (por lo de que estás nerviosa e hiperventilas) o que el oxígeno que coges tu cuerpo lo gasta muy rápido. Lo digo porque entiendo el sentimiento. A mí me pasó algo parecido este verano en Menorca, buceando con tubo para ver los peces. Me entró tal agobio y tal angustia que tiré el tubo a tomar por saco y pasé de los peces y del buceo. Y cuando veo películas en las que el protagonista tiene que sumergirse y aguantar la respiración un buen rato para salir de algún sitio me angustio por él, y pienso "si fuera yo, ya me habría ahogado". La capacidad de aguantar la respiración disminuye cuando estás nerviosa.

    1. Si si, seguro que es eso. Algo de eso tiene que ser. Yo también hice lo del tubo este verano pasado (pero en Mallorca) y directamente lo hacía sin tubo, o sea, aguantando la respiración. Me daba más pánico con tubo que a pelo! Vaya movida.
      Lo de las películas también me pasa y además no puedo evitar aguantar la respiración con ellos XD jajaja

  28. Yaku ABA says:

    Joder, eres impresionante. Le has echado huevos a tus miedos nos lo cuentas a todas, eres genial.

    Me alegro mucho por ti en cuanto al tema de que tu monitora tenga dos dedos de frente y sea comprensiva, que yo estuve un año en la piscina, ahora que vivo en Madrid (natación libre), y el socorrista me soltó: "¿Tú no eras de Cádiz? ¡Pues no tienes mucho estilo nadando para ser de costa!". La respuesta fue explicarle a Mr Piscina la diferencia de densidad entre el agua de mar y el de piscina, y que en una playa con viento te fijas más en el tema de poder bucear bajo las olas para que no te arrastren que en tener un precioso estilo mariposa. El Sr MúsculosDeGimnasioEnLaPiscina no volvió a tocarme las narices con mi poco refinado estilo de nado. A paseo ya, con su silbatito y sus aires de grandeza.

    Pues nada, mucho ánimo, sigue aprendiendo más sobre tu miedo, y disfrútalo todo lo que puedas. Yo he aprendido el año pasado con 26 años a montar en bicicleta (me daba miedo), y no me arrepiento en absoluto 😀

  29. Minerva says:

    ¡Ánimo! Seguro que acabas nadando. El mero hecho de ser capaz de enfrentarte a ello ya es un pequeño triunfo. A mí me pasó algo parecido, pero con la conducción. Me saqué el carnet con 18 años, pero jamás tuve oportunidad de conducir yo sola: al principio mi padre me dejaba llevar el coche con él, pero iba siempre dando "consejos" y de vez en cuando algún grito, así que terminé por no querer conducir, y con el tiempo, por cogerle miedo al coche. Siempre me las iba arreglando con el transporte público y la pura zapatilla, pero llegó un momento, ya a la "tierna edad" de 33 años en que mi marido y empezamos a necesitar un coche. Para más inri, él ni siquiera tenía carnet, se lo sacó y nos compramos un vehículo que nos entregaron dos días después de que él hubiera aprobado. Yo di unas diez clases prácticas de refresco en una autoescuela, pero cuando me bajaba del coche, era como si la hora hubiera pasado en blanco, sudaba cono una gorrina, y no recordaba a dónde había ido ni lo que había hecho en la clase. Imagina el tema, que tuvo que venir mi suegro desde el pueblo, a casi 200 kms. de Madrid para recoger el coche en el concesionario y dejárnoslo en el garaje donde íbamos a guardarlo. Esa tarde salimos a dar una vuelta, mi marido lo llevó a la ida y yo al regreso, un día de semana a las once de la noche, o sea, tráfico cero patatero. Cuando conseguí dejar el coche aparcado me tiré más de una hora llorando a moco tendido, del ataque de nervios que llevaba encima. Cada vez que tenía que coger el coche, siempre acompañada, me ponía de los nervios, lloraba sólo de pensar en tener que conducir… un show. Pero, poco a poco me fui obligando, primero, durante muchos meses, acompañada de mi marido, el pobre, y finalmente, me atreví a cogerlo yo sóla un día… y ahora ya soy capaz de ir y venir más o menos. Sigo teniéndole mucho respeto, no me meto en Madrid en hora punta ni loca, y prefiero no hacer grandes desplazamientos sin ir acompañada, por ejemplo, a Asturias a ver a la familia, si voy sola, lo hago en tren, pero ya no dependo de nadie, y si es necesario, soy capaz de ir a donde haga falta.
    Si yo he podido superar ese miedo, seguro que tú puedes con el agua.

    1. Ufff, qué me vas a contar. Yo con el carnet, (que me lo saqué este año!) también tengo lo mío, te entiendo perfectamente. Es un miedo muy similar. Me siento capaz pero a la vez a un paso de la muerte, además conducir es un tema muy muy serio. Nada más darme el carnet me fui a toledo con mi chico y en plena M50 dí un volantazo en plan nave espacial a todo meter que nunca olvidaré. Desde entonces estoy mucho más acojonada, vamos, que me pasa parecido pero al menos no me quedo sin aire conducendo u_u
      Gracias por tus palabras y espero que te vaya muy bien y cada vez mejor con el coche 🙂

  30. Lo has explicado muy bien, debe ser duro. pero piensa que eres fuerte y tarde o temprano lo superarás, porque sobre todo lo importante es que siempre das pasos al frente para poder con ello! Animo!

  31. Mandarinalia says:

    Yo miedo lo que se dice miedo no pero sí que tengo mucho respeto tanto a la piscina como al mar. Quizá por ese mini "trauma" mío apunté a la peque en la piscina en cuanto se pudo. Verla tan feliz en el agua hace que poco a poco yo vaya liberando mis miedos.

    Ánimo, lo estás intentando y eso ya es todo un logro, poco a poco, no hay prisa 🙂

    1. Cuando veo madres con sus hijos pequeños en la pisci me parece super entrañable, como que se lo tienen que pasar super bien y ser todo genial. Ojalá lo hubiesen hecho conmigo de pequeña pero bufff, mi madre con cinco criaturas y currando…como no me llevase de madrugada y sin dormir no sé de donde iba asacar el tiempo 🙂

  32. Laura Prieto says:

    Esa Lu xula!!!! Tu puedes con todo, y además, lo más difícil que es empezar, ya lo has hecho, así que felicidades championa ^^

    Por cierto, mi estilo nadador-perrete deja mucho que desear, así que tienes que aprender mucho, mucho, que luego me vas tener que enseñar, sirenita wapa!!

    Muakaaaaa (P.D.: vinooooooo, viiiiinooooo)

  33. El miedo es libre Lu y llorar tampoco es malo. Es lo que necesitas en cada momento. Yo muchas veces lloro por impotencia o por el cabreo que tengo, jajaja.
    Seguro que el próximo día va mejor la cosa y sino, poco a poco, que ya sólo por ir, es mucho lo que estás consiguiendo. Por lo menos esta monitora ha sido comprensiva, lo que parece que esta vez será diferente. 😉
    Felicidades con retraso para tu hermana y para ti, tranquilidad y mucho ánimo.
    Un beso muy gordo.

    1. Gracias guapi, sé que llorar no es malo, de hecho no suelo cortarme un pelo, pero entre desconocidos más que un tema de vergüenza es por no montar el espectáculo, que la gente se preocupe, se asuste o lo que sea. Pero sí, soy del club lloronas a muerte! 🙂
      Gracias por tu mensaje 🙂

  34. cottonkiss says:

    Olé tus ovarios de meterte en remojo. Por aquí otra waterfóbica 😉

    He leído tu relato con una congoja tremenda, recordando también mis 'cursillos' de natación del colegio. Además, tal cual lo comentas: ir en el bus con un dolor de barriga horrible, tus compañeros felices y tú a punto de vomitar, llegar a los vestuarios y tener que quedarte en bañador, el súper-gorro ese tan precioso y que te marcaban con un rotulador permanente según tu experiencia acuática (en mi caso el más bajito era el grupo '1', pero ya te digo que yo hubiese estado en el grupo 'bajo cero' xD) y que dejaba al descubierto que no sabías nadar, el olor… ESE olor, ESE eco, esos silbatos…

    Recuerdo especialmente un día en que a algún monitor hijoputa (se ve que se estilaba eso en los 90) se le ocurrió llevarnos a la piscina grande. De la 'pequeña' a la grande. HORROR.

    Y nada, que te tenías que tirar al agua así sin más y llegar como buenamente pudieras hasta un palito que él sujetaba dentro del agua (se me salía mi pequeño corazón por la boca de ver lo lejos que estaba) y con el que una vez te agarrabas, te llevaba hacia la escalera para que salieses. Bueno, pues qué te voy a contar… Recuerdo ese día como si fuese ayer. Y las risas del monitor al verme en ese estado también.

    Parece que no, pero son traumas. Entre ese día y varios revolcones de olas en la playa cuando también era pequeña decidí definitivamente que si mis pies no tocan suelo, yo no me meto en el agua. Y si me meto, lo hago por compromiso jaja, por no parecer una antisocial a mis 30 tacos… Pero lo peor es que en vez de valorarlo y dejarte tranquilita, a la gente le hace gracia. Y como le hace gracia, te tiran agua a la cara o te intentan agarrar mientras estás en el agua. Y tú cagándote en todo del agobio y cuanto más chillas, más divertido. Todo muy gracioso, sí.

    Así que comprensión mil por tu historia y ¡¡¡mis felicitaciones por luchar contra ello!!! Te deseo de corazón que en breve sepas flotar cual corcho y nos vengues a todos los 'raritos del agua' xDDD

    MUAKS 😉

    1. Es una extraña reacción ver que la gente "se rie" ante tu pánico, como si fuese un paripé o algo así. Me da la sensación de que no lo entienden para nada, que por otra parte lo comprendo. El hijo de una amiga (tiene 7 años) a veces, cuando pasamos cerca de algún perro se cambia de lado y noté que le dan cosa. Lo único que siempre se me ocurrió decirle es "no te preocupes, no hace nada" cuando probabelmente se la sude que no le haga nada, simplemente le da miedo y punto. En fin, que no es fácil comprender los miedos ajenos cuando no los comprendemos.
      Una araña tampoco mata y a mí me dan un miedo que me CAGO.

      Gracias por tus palabras, por los ánimos y por compartir tu experiencia 🙂

  35. Ana Montore says:

    Ya te tenía admiración, pero con esto me acabas de conquistar! Te mereces una ola x tu valentía, por intentar superar tus miedos y por analizar las situaciones con nosotras de una manera tan inteligente: desde el humor/ironía/realidad. Creo q vas por el camino correcto, q de hoy para mañana no va a desaparecer, pero que sin duda vas a conseguirlo.
    Además el miedo, como bien dicen en algunos comentarios las chicas, es libre, y todos tenemos alguno, TODOS. Yo me declaro una CAGONA en mayúsculas, al igual que lo que te comentaba Minerva, me ha pasado algo parecido con el tema coche… Pero aun no he encontrado la valentía de decir: hasta aquí. Y lo peor es q cuanto mas me repiten que tengo q volver a cogerlo mas agobio me entra y menos ganas… En fin, se que llegara el día, pero no se cuando. Con tu post he sentido la necesidad de que ese día sea pronto, y de que me lo tengo que fijar yo, así que MIL GRACIAS por el empujón que me has dado.
    No cambien bombonazo, y toda la fuerza del mundo que te mando!

    1. Ay que lloro! :_)
      La verdad es que no me siento muy valiente pero bueno, de momento hay energía para seguir intentándolo. A ver qué pasa estos días. Empiezo a pensar que quizás no lo supere nunca y tenga que aprender a nadar con miedo. Espero que no.
      Con lo del coche te comprendo perfectamente porque acabo de sacármelo y aún no he ido sola a ninguna parte 🙂
      He conducido largas horas, incluso por autopista de Madrid en un viaje "largo" pero en ciudad o carreteras estrechas fuera de ciudad me muero de miedo! 🙂
      Venga que podemos!!
      Un abrazo!!

  36. […] A parte de que el nombre me sigue haciendo gracia cada vez que lo digo (soy como una niña chica), la Spirulina ha sido mi descubrimiento del año. Del año y de la década por lo menos. Me da muchísima energía. Lo noto sobre todo porque conozco bastante bien mi cuerpo en lo que a mareos, vahídos y pájaras varias se refiere y antes de comenzar con esta especie de alga (aunque parece ser que definitivamente no es una alga en sí si no una prima lejana) no hubiera sido capaz de afrontar todo el ejercicio non-stop que hago en el agua. Si quieres saber más sobre el infierno que paso allí haz clic aquí. […]

  37. Gaby says:

    Al fin leo exactamente lo que yo siento, también tengo 33 años y mi meta el próximo año es aprender a manejar bici y superar algo el terror al agua. Igual tuve varios cursos cuando niña, pero el pánico me superaba. Mi novio ama el agua, de vacaciones vamos siempre a la playa y es una tortura, él me anima a entrar al mar (incluso es profesor de natación) pero siempre termino llorando, en una piscina es peor. Gracias por publicar tus experiencias, ojalá pudieras contar como vas. Saludos desde México.

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